Una nevera que deja de enfriar casi nunca es un problema del gabinete: casi siempre está en el circuito de refrigeración, en el sistema eléctrico de control o en el sistema de deshielo. Diagnosticamos cuál de los tres es antes de proponer una solución.
Por qué falla una nevera
No enfría o enfría poco. Las causas más frecuentes son fuga de gas refrigerante, compresor que no arranca o arranca y se detiene (protector térmico activado), condensador sucio que no disipa calor, o daño en el sistema de deshielo que hace que el evaporador se cubra de hielo y bloquee el flujo de aire frío.
Acumula escarcha o hielo en exceso. En modelos No Frost, casi siempre es falla del temporizador de deshielo, la resistencia de deshielo o el sensor (termofusible) que corta la corriente cuando el sistema se sobrecalienta. En neveras sin sistema automático, puede ser una puerta que no sella bien.
Hace ruido o vibra. Puede ser el compresor, el ventilador del evaporador (en modelos No Frost) rozando hielo acumulado, o el motor del ventilador del condensador con rodamientos desgastados.
Gotea o acumula agua adentro o debajo. Generalmente el drenaje de deshielo está obstruido, o el empaque de la puerta perdió hermeticidad y entra humedad que se condensa.
No enciende. Puede ser el cable, el control electrónico, el relé de arranque del compresor o el propio compresor.
Cómo diagnosticamos
El técnico revisa el compresor, mide si el circuito está sellado o tiene fuga, prueba el sistema de deshielo (resistencia, termostato de deshielo, temporizador) y verifica el estado de las juntas de la puerta. Con eso identificamos si el problema se resuelve con una limpieza, cambio de una pieza específica, o si requiere una recarga del circuito de refrigeración.
Qué atendemos
Neveras No Frost, neveras con escarcha convencional, neveras dúplex y side by side, y congeladores verticales u horizontales, de distintas marcas y capacidades.